Con el reto de juegos de mesa que nos propusimos en diciembre, en casa hemos vuelto a jugar mucho más a menudo. Ha sido una forma sencilla y bonita de recuperar ese tiempo compartido alrededor de la mesa. De todos los juegos que han ido apareciendo, Dorfromantik se ha convertido en uno de los claros favoritos de mis hijo de 10 y mi hija de 13 años.
Dorfromantik es un juego cooperativo y muy relajado en el que vamos construyendo, entre todos, un paisaje rural a base de losetas hexagonales: caminos, ríos, vías de tren, campos y pueblos que van creciendo poco a poco sobre la mesa. No hay tablero fijo, el mundo se crea mientras jugamos, y eso resulta especialmente satisfactorio.
La mecánica es sencilla: en cada turno colocamos una loseta intentando cumplir pequeños encargos (unir caminos, ríos o casas). Si lo logramos, ganamos puntos y nuevas losetas para seguir ampliando el paisaje. Las reglas se entienden rápido, pero las decisiones tienen su gracia, lo que lo hace accesible y a la vez interesante.Uno de sus grandes puntos fuertes es el ambiente que genera. No hay competición ni presión, solo conversación, acuerdos y la alegría de conseguir objetivos comunes. Funciona muy bien en familia y también en solitario, casi como una experiencia calmada y contemplativa.
Además, el juego incluye una campaña ligera que va desbloqueando nuevas losetas, lo que invita a volver a sacarlo a mesa una y otra vez.
En resumen, Dorfromantik es un juego bonito, tranquilo y cooperativo, ideal para quienes buscan disfrutar del proceso más que del resultado. En casa, desde luego, se ha ganado un lugar fijo.





